15 años de compañía y amistad con las personas mayores en soledad
15 urte laguntza eta adiskidetasuna eskaintzen bakarrik dauden adinekoei
15 anos de compañía e amizade coas persoas maiores

Ayer fue su cumpleaños, 82. ¿Qué haces cuando cumples 82 años?, ¿Qué deberías estar haciendo con 82 años? Y aunque intentemos ser políticamente correctos la mayoría de las respuestas que acuden al subconsciente te remiten a la espera y al balance, a la cuenta atrás, a la mecedora y al balneario, ¿Qué estaremos haciendo nosotros el día después de nuestro 82 cumpleaños?

Eusebia, Sebi para los amigos, al doblar el cabo de su octava década decidió contactar a Amigos de los Mayores, su hermana le había hablado de la asociación y de los servicios que ofrecía a las personas mayores, pensó que era el momento adecuado. Acudió como muchos con el recelo y las expectativas lógicas de quien se decide a introducir a un extraño en su vida. Pero Sebi pensó que tenía la edad adecuada para atreverse a hacer algo así. Acudió a la sede de la Fundación para buscar información y se hizo voluntaria.

Vive en un barrio tranquilo al Norte de Madrid y acudimos a su casa casi sin tiempo para felicitarla. No hay tarta pero a cambia nos aparta unos pedazos sabrosos de su vida. Bastan dos minutos para rescatar el tópico de que la edad es algo que se lleva por dentro, si se lleva porque Sebi parece no tener edad, parapetada como está tras una energía y una lucidez desbordantes. “En realidad no sé si soy una persona mayor, a veces me siento como si tuviese 28”. Por eso cuando acudió a aquella sesión informativa tenía las cosas claras, en ningún momento se vio como mayor, ella quería ser voluntaria. En unas semanas acompañaba y con ochenta años comenzó a acompañar a Paquita, unos meses más jóvenes que ella. La edad es un estado de ánimo.

Sebi nació en Gallegos de Salmerón, un pueblo pequeño de Salamanca, recuerda su infancia en el campo junto a sus padres y tres hermanos sin demasiada nostalgia. Eran tiempos duros, en su casa no pasaron muchas necesidades porque su padre hacía un poco de todo, cultivaba, cazaba, tejía… A ella como a muchos niños de la época también le tocó hacer un poco de todo durante la infancia, espigar, sembrar, trillar…” Un día agoté un burro de tanto andar, el pobre se echó al suelo y no quería seguir”, ríe al recordarlo y viendo como se mueve de un lado a otro por la habitación no nos cuesta mucho creer la anécdota. Sin embargo aquello no era muy divertido “No había mucha gente, ni agua corriente ni luz eléctrica, las noches empezaban a las cinco de la tarde”. Por eso cuando la mandaron a Madrid después de la guerra no lo dudó. La ciudad si era para ella. Allí comenzaría a trabajar como sirviendo en la casa de una señora mayor hasta que apareció su marido.

Su marido es el señor sonriente que escucha la entrevista y que contempla a su mujer entre la admiración y la guasa. “No solemos discutir mucho, tan sólo cuando jugamos a las cartas, ella quiere ganar siempre”• Conoció a su marido a través de una amiga común “El caballero dijo que yo le gustaba y por supuesto yo me resistí, pero al final me convenció y caí”. -“En realidad no se lo trabajó demasiado”. “Como que no, recorría todos los viernes 40 kilómetros en bicicleta sólo para verte”. Llevan juntos 52 años.

Tuvieron dos hijas y ahora nietos que son la felicidad de ambos. Con orgullo me muestra una carta que le escribió su nieta para un concurso del colegio. Con caligrafía redonda e infantil puede leerse; “Abuela que bien se vive contigo, sin prisas y sin horarios”.

Sebi ha sido ama de casa la mayor parte de su vida pero eso no significa dejar de hacer cosas, y saca su chistera de donde empiezan a salir… conejos… de punto, dos hermosos conejos marrones de punto. “Los vi en el escaparate de una tienda y los copié ¿A que son bonitos?” “¿Pero dónde has visto que los conejos sean marrones?, los hay negros, blancos o grises, yo nunca he visto conejos marrones” le dice su marido. “Pues estos son marrones, las cosas pueden ser como tú quieres que sean”, y saca bolsos hechos con chapas de latas de refrescos, y cajas bordadas y…”el día que hago soy feliz, no quiero estar aburrida”.

Sebi se decidió a echar una mano a los demás gracias a su hermana que tiene 87 años y su misma vitalidad, está en lista de espera para entrar como voluntaria en la Fundación. Había cuidado de su cuñado con Alzheimer durante muchos años y cuando este falleció sintió la necesidad de hacer algo por los demás, se apuntó a Amigos de los Mayores, me convenció y para mí se ha convertido también en una forma de vida. “La edad es una cuestión de actitud, a una persona pesimista le caen los años encima, lo que yo quiero es a hacer cosas, si estuviese pensando en la edad que tengo y con el moco caído pues me sentiría muy mayor” “Gente parada, malos pensamientos”.

Y el día después de cumplir 82 años para Sebi es un día de visita y así la acompañamos hasta la casa de Paquita donde desde hace cerca de un año gasta las mañanas de los jueves acompañando a una persona mayor que es unos meses más joven que ella. Y por el camino se agacha para recoger una gomilla que ha visto para el pelo “Hago manualidades con ellas junto a mi nieta” y se para a saludar a las vecinas y me cuenta que una de ellas ha ido hace poco a un balneario pero que a ella ya no le apetece viajar mucho. Que no le importaría tener menos años “sobre todo con lo que sabe ahora” pero que es feliz y que piensa que ser feliz es una cuestión de expectativas. Y que

“hay que crearse ilusiones”.

Y la despedimos en la puerta de la cada de Paquita y le preguntamos que le aporta a ella el acompañamiento “Me aporta ilusión, el día que voy sé que he hecho algo que me viene bien tanto a mí como a ella, que he ayudado a que alguien esté menos solo y además ha sido un día más que me he mantenido ocupada y viva”. Sebi toca el timbre y nos despedimos de ella. ¿Qué estaremos haciendo nosotros el día después de nuestro 82 cumpleaños?

Sebi vive a apenas una parada de metro de Paquita, las dos son de Ávila y tienen bastantes cosas en común, familia, hijos. Cada jueves se reúnen para hablar de sus vidas,” antes dábamos un paseo, ahora la pobre está mala con las piernas y no puede”. “Anda un poco tristona y no lo está pasando bien”. Sebi acude puntual a su cita de los jueves aunque esté de vacaciones y tenga que hacerlo desde Villalvilla, es una de las actividades que le da sentido a su semana.

“Ayudar a los demás siempre aporta, yo se lo recomiendo a todo el mundo”. Sebi además ya ha acudido a las fiestas y arealizar talleres acompañando de forma puntual a otras personas mayores. ¿Y recibir ella el acompañamiento de un voluntario? “Bueno, nunca se sabe,en realidad ¿Quién acompaña a quién?…”•

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