15 años de compañía y amistad con las personas mayores en soledad
15 urte laguntza eta adiskidetasuna eskaintzen bakarrik dauden adinekoei
15 anos de compañía e amizade coas persoas maiores

José pudo haberse dejado llevar por la depresión o regresar a su Jaén natal, buscar la compañía de los suyos y abandonarse lentamente, recopilando años y recuerdos. Tuvo la opción de elegir un refugio construido a base de autocompasión y lamentos. José tuvo muchas opciones, en lugar de todo  eso, eligió escribir una novela.

Bastan cinco minutos con José para darse cuenta que estamos ante un tipo duro, no de esos envueltos en la percha de  Clint Eastwood  que regalan miradas  oblicuas y silencios hoscos. José es un tipo duro que te desarma a través de la calidez de sus ojos miel, la sonrisa siempre dispuesta y el hambre de vida que se le escapa a borbotones a través de una conversación incesante.  José tiene tantas cosas que contar que apenas tiene tiempo para mencionar los dos cánceres que como lanzadas luce en sus costuras molestándole los días. José tiene tantas cosas que contar que al empezar a  hablar ya ha regalado tres titulares para esta entrevista, dejando un reguero de interlocutores y  grabadoras  perplejos por el camino.

A los 75 años se ha embarcado en su primera novela, y nos la va descubriendo con la ilusión del que alumbra un niño. En ella se mezclan como piezas de un puzle sus grandes pasiones; metafísica, matemáticas, música y literatura. La idea surgió hace unos años en el Museo de la Música de Berlín  cuando en un cuadro  su adorado Bach sosteniendo una partitura misteriosa parecía susurrarle el argumento. Bach es el responsable de que dedique gran parte de los días en su céntrico y luminoso piso a ir devorando capítulos. Pero con José una anécdota tan sabrosa, se convierte tan sólo en una excusa, un puerto del que zarpar a través de una conversación de destino incierto, un viaje en el que se mezclan los temas interesantes sin pausa. Para él “después de ocho operaciones lo que es interesante es la vida misma, porque  después de ocho operaciones la vida es un milagro”.

“Existir es un milagro, pero no nos damos cuenta, si lo hiciésemos estaríamos segundo a segundo saboreando la vida”.

José siempre ha tenido una vida intensa aunque no siempre ha sabido dibujar  sus contornos de forma tan precisa como ahora.  Nacido en Jaén el 38 en plena Guerra Civil, estudió Ingeniería. “La estudié porque a mis padres les hacía ilusión pero a mí me gustaban más la Literatura o las Matemáticas”. Durante muchos años fue ingeniero del Estado para el Ministerio de Agricultura, y para la Agencia Europea del Aceite de Oliva. Piensa que  nunca prosperó en su profesión lo que hubiese podido “nunca tuve un puesto a dedo, lo mío no era hacer carrera”. Ha vivido grandes temporadas en Bruselas  y ha viajado mucho. “He recorrido medio mundo para  empezar a  valorar las cosas encerrado en una habitación casi sin poder moverme, ahora disfruto más de la vida a pesar de mis limitaciones”.

José tiene 4 hijos y 4 nietos  diseminados por España y el mundo, elige de momento su soledad en vez de regresar a Jaén porque después de todo  él no está solo, “tengo a Bach y su música y los miles de personajes de la novela que pueblan mi cabeza, tengo la cabeza llena de fantasmas”. También sus películas y a uno de sus mejores amigos Alberto con el que se reúne de vez en cuando para escribir guiones para cortos. Alberto tiene 22 años, estudia Comunicación Audiovisual y a lo largo de esta conversación lo llama un par de veces para hacerle un par de consultas.

José luce los efectos de la quimio pero se concede un momento de coquetería para lucir un sombrero en las fotografías, tiene demasiadas cosas que hacer y “enterrarse en la autocompasión no vale para nada”. Hay demasiadas cosas que planear y disfrutar. Pero aún tiene tiempo desde la ventana de su apartamento para “aplaudir de vez en cuando algún atardecer especialmente bonito, como cuando escucho música, aunque de momento aún no haya recibido un bis”.

Hasta hace poco  tenía una prótesis de cadera y un chico le ayudaba a levantarse y acostarse, ahora pese a las dentelladas del cáncer  las apaña mejor.”Parecía que lo normal era lo que hacía, o tener salud, cuando eso no tiene por qué ser normal”. No añora el pasado, “con 40 años era un idiota, tenía tanta energía dentro que no me daba cuenta, no veía los perfiles de la vida”, “Cuando mejor se ven esta y sus contornos  es durante el invierno y el otoño”.

Aunque su mirada delata una voluntad seguro de éxitos para él “cuando todo te ha salido bien no piensas, solo empiezas a pensar de verdad cuando has tenido el primer fracaso”. Emocionado  recuerda los tres días que pasó en globo recorriendo el Valle del Loira, descendiendo de vez en cuando en los pueblecitos para visitarlos.

Le llama su amigo José Antonio al que echa la bronca por no haber acudido esa mañana a almorzar y haberse perdido “unas lentejas exquisitas que había preparado”. ¿Y los amigos?.. Cita a Cicerón:

“La vejez es como un cedazo que al agitarse va dejando sólo a los amigos  que son verdaderos”.

José se declara indignado con la situación política actual, aunque  él huye de las seguridades porque “me dan miedo las personas  que están seguras de todo, yo me lo cuestiono todo como a los 17, y soy aún más crítico y exigente con los que piensan como yo, o deberían pensar como yo”.

Y el viaje prosigue agitado por su curiosidad incesante. Pasamos por  Terrence Malik, seguimos por el filósofo Marcuse, su idolatrado George Brassens, la teoría matemática de las cuerdas,  la Generación Beat y Pessoa y Gil de Biedma a quien llegó a frecuentar, porque José escribe  poemas en cuadernos mezclados con  anotaciones de su historial médico. Con él recordamos un poema del propio Gil de Biedma.

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

José se muestra de acuerdo parcialmente y se despide señalando que el “que no aprovecha la vida no sabe lo que ha tenido”. Le preguntamos por su próximo proyecto “tirarme en paracaídas, ya me estoy informando sobre cómo hacerlo”. A aprovecharla pues.

José pertenece a Amigos de los Mayores desde hace un año y tres meses. Recurrió a nuestra entidad por curiosidad, hacer cosas distintas ocio y conocer gente nueva. Sus hijos viven lejos aunque mantiene contacto frecuente con ellos. Su enfermedad le restó libertad de movimientos y relaciones sociales.

Hace merses que se ve con Juan José su voluntario, un chico de 24 años. Juntos comparten conocimientos informáticos y recomendaciones respecto a una de sus grandes pasiones, el cine.»Os recomiendo «To the wonder » la última de Terrence Malick», José disfruta con la gente joven y para él Juan ya es un amigo más.

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