compañía, afecto y amistad con las personas mayores en soledad
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15 anos de compañía e amizade coas persoas maiores

Karen nos hace llegar una de las cartas que nuestros voluntarios están mandando a las personas mayores para llenarles de ánimo y esperanza

En estos días de aislamiento en los que quedarse en casa es tan importante para que la situación no empeore, sobre todo para las personas mayores, sabemos que es muy importante mantener la comunicación, el afecto y la cercanía. En Grandes Amigos cada día recibimos mensajes de apoyo, vídeos y cartas que demuestran que, a pesar de la distancia marcada por el COVID-19, se puede acompañar desde casa a aquellas personas que más lo necesitan.

Así lo ha pensado Karen, voluntaria de Grandes Amigos que hace acompañamiento afectivo desde hace ya varios años a las personas mayores que viven en la Residencia Goya, que mandó una preciosa carta a sus «grandes amigos» y que puedes leer íntegra más abajo: «He pensado que sería bonito que os escribiéramos cartas. Cartas de las de toda la vida. Así se pueden compartir, leer una y otra vez (¡si tanto merecen la pena!) y guardar», relata.

Recuperar una bonita tradición como enviarse cartas, llamarse por teléfono para saber cómo estamos, es una de las medidas del amplio proyecto de acompañamiento afectivo que hemos puesto en marcha desde Grandes Amigos, como ya te hemos contado.

«Espero que podáis disfrutar de alguna terraza de la residencia y que estéis entretenidos con la televisión, labores y lectura», escribe sobre algo tan importante en estos días como es mantener las rutinas y el entretenimiento.

Karen hoy no puede estar presencialmente con ellos y admite que, además, tendría que estar fuera de España por motivos familiares pero, al cabo de unos días, tuvo que volver: «No llegué a visitar a mi hija mayor y su familia en San Francisco, ni a mi hermana y su hija mayor y su familia en Charleston…», aunque considera que está más tranquila ahora, «en casa».

Sí, el afecto con las personas mayores que acompañamos en Grandes Amigos es recíproco, y así lo explica nuestra voluntaria: «Se me hace un vacío muy grande saber que no va a haber estos paseos en algún tiempo». Nosotros también deseamos que esto no se haga demasiado largo.

 

Carta de Karen a las personas mayores de la Residencia Goya:

Queridos amigos residentes de Goya:

Como no os podemos visitar y si os llamamos por teléfono solo podemos hablar con uno/a, he pensado que sería bonito que os escribiéramos cartas. Cartas de las de toda la vida. Así se pueden compartir, leer una y otra vez (¡si tanto merecen la pena!) y guardar. Si alguna/o quiere responderme, yo encantada.

¡Ay, qué pena nos da esta situación! Pensar que hace solo unos días estuvimos paseando con algunos de vosotros, disfrutando de vuestra compañía, tomando nuestros cafés, aquarius, tés y zumos en “nuestra” cafetería de la Plaza de Felipe II… 

¿Cómo estáis? Espero que bien de salud y bien de ánimos, dentro de las circunstancias. Espero que podáis disfrutar de alguna terraza de la residencia y que por lo menos estéis entretenidos con la televisión (aunque como no hablan más que del coronavirus, no sé si es conveniente), labores y lectura.  No sé si habéis podido seguir con vuestras sesiones con Mari Carmen (lectura del periódico, etc.) y con Amanda (de la Comunidad) por la tarde. Creo que no os pueden visitar los familiares, aunque estáis mucho mejor que otros mayores que viven solos. 

Yo tendría que estar ahora en los Estados Unidos.  Ya me despedí de vosotros el día 5. Pues, en lugar de pasar allí más de tres semanas, ¡solo estuvimos CINCO DIAS! Sólo estuve con mi hija mediana, Aida, su marido y tres hijos, en la zona de Washington, D.C. En cuanto empezaron a hablar de cerrar Madrid y luego Trump anunció que no permitirían la entrada de europeos en los Estados Unidos, empecé a ponerme muy nerviosa. Pareció absolutamente necesario marcharnos cuanto antes. Por suerte, nuestra agencia de viajes lo pudo organizar y el mismo jueves, día 12, tomamos el vuelo de regreso. Así que no llegué a visitar a mi hija mayor, Lina, y su familia en San Francisco, ni a mi hermana y su hija mayor y su familia en Charleston, Carolina del Sur. 

No es que estemos mejor en Madrid que en los Estados Unidos, donde, de momento, hay algo más de libertad de movimiento y menos miedo al virus, pero estoy más tranquila sabiendo que estoy “en casa.”  Ya veis, una americana que “está en casa” en Madrid. Hubiera querido poder echar una mano a mi hija Clara con sus niñas, Alba y Leire, ya que Clara está trabajando desde casa y ellas no tienen colegio, pero, claro, es precisamente eso lo que se está intentando evitar: que las personas mayores (y aunque algunos me veis como “una chavala”, ¡tengo 73 años y se me considera también del grupo de riesgo!) se contagien de los niños. ¡Qué pena me da!

Bueno, ya sabéis que os echamos muchísimo de menos. Cuando vuelvo a Madrid después de un viaje siempre tengo muchas ganas de volver a mi rutina. Esta rutina incluye, además de la natación (que tampoco puedo practicar), mis jueves con vosotros. Se me hace un vacío muy grande saber que no vamos a tener estos paseos en algún tiempo. ¡Que no sea demasiado largo!

Me encantaría saber cómo estáis… cada uno. María, ¿cómo vas de la cara? Ya volvías a estar mal últimamente. Pobre… ¿Cómo está Lorenzo? ¿Cómo están las que estaban en aislamiento (Marisol y Angelita, creo)?  Bueno, ¿y cómo están nuestras amigas las recepcionistas, y Paloma, Mari Carmen y Amaya? Mando también saludos y abrazos para ellas. Están entre los héroes que estamos aplaudiendo todas las tardes desde nuestros balcones.

¡Ánimo, amigos! El virus lo venceremos y pronto recordaremos todo esto como un mal sueño.  Volveremos a disfrutar del sol, aire, café y compañía como antes.

Os quiero.

Besos (virtuales),

Karen

 

En Grandes Amigos nos estamos volcando para que las personas mayores reciban todo el apoyo afectivo que necesitan ahora más que nunca. También trabajamos para proteger su salud y en poderles comunicar con sus seres queridos.

Estamos enviando a las residencias equipos de protección y desinfección y mascarillas, donados por empresas como Reale y Mapfre, así como tablets para que puedan comunicarse con sus seres queridos, donadas por Samsung y Reale.

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