15 años de compañía y amistad con las personas mayores en soledad
15 urte laguntza eta adiskidetasuna eskaintzen bakarrik dauden adinekoei
15 anos de compañía e amizade coas persoas maiores

Serenidad, aplomo, tranquilidad, temple. Serenidad estado de ánimo que desprende tranquilidad y calma.Hay que volver del revés el wordreference para aproximarse a la impresión que dejan en el estado de ánimo dos horas con Berta, aún así nos quedamos cortos. Serenidad, título de honor de algunos príncipes.

Berta nos recibe confortablemente instalada desde sus 89 años, podrían ser 79 o 69, no nos sorprendería demasiado, esa tez limpia de arrugas y la mirada vivaz. Estos días su hija que vive en Francia está de visita en la ciudad y nos acomodamos en un rinconcito con ella a hacer un repaso de una vida que como ella dice “se me pasó tan rápido que no medí ni cuenta”. Y lo dice con un acento latino que parece que las vidas que merecen la pena ser vividas deben pasar así, rápidas y fugaces como un suspiro.

Porque Berta es venezolana y es ahí donde ha vivido la mayor parte de una existencia feliz. Los azares del destino la han convertido en emigrante a sus 86 años. Una emigrante que no está dispuesta a conceder un metro a la nostalgia. “no echo de menos demasiadas cosas de Venezuela, tal vez el clima que es más suave, aquí en Madrid igual hace un calor terrible que te mueres de frío”, y a pesar de que los abismos de las estaciones la desconcierten no volvería

“La situación allí ya no es la mejor y el país ha cambiado mucho”.

Le gusta Madrid, con sus terrazas aunque reconoce que “si hubiese llegado antes a la ciudad, con unos doce años menos, hubiese pasado todo el tiempo entrando y saliendo de las cafeterías y las tiendas, ahora estoy un poco más cansada y salgo poco, a pesar de eso me gusta estar aquí”. También le llama la atención lo tranquilo que es el tráfico en España, “ no es como la “chocadera” de allá , yo conducía mucho, aquí hubiese podido”.

Berta mira las cosas con la distancia que le da el hecho de ser la mayor de seis hermanos y haber sobrevivido a todos. Su infancia la pasó en Caracas en un colegio de monjas, a los 14 empezó a trabajar en el Registro del ministerio de Hacienda, allí permanecería cuarenta años. “alguien buscaba una persona con una bonita caligrafía, y la verdad es que la mía siempre ha sido bonita, me presenté me hicieron escribir algo, y esa fue mi vida”. Y con buena letra escribió Berta su camino, ese que le llevó al matrimonio y después al desbarrancadero del divorcio pero por el camino le regaló dos hijas que son su orgullo. “Háblale de la dictadura mamá”, pero a Berta no le apetece hablar de cosas feas, a pesar de que ha vivido todos los cambios tumultuosos de un país como Venezuela.

A Berta le apetece hablar de su juventud, la que asocia a bailes y fiestas, a sus amigas.. “Mi juventud fue divertida, aunque en aquella época mi mamá nos vigilaba mucho”. Ni siquiera aquí pierde la tranquilidad con sus recuerdos para acabar con

“Tampoco la echo de menos. Ya siento que hice lo que tenía que hacer, lo que más me preocupaba era que mis hijas salieran adelante yo con eso soy feliz”.

Hace cerca de tres años que Berta salió de Venezuela, siguiendo a una familia de trotamundos desperdigada por varios países. “Mi hija vive en Francia pero yo no sé hablar francés y a estas edades es difícil aprender un idioma nuevo, así que preferí quedarme en España, de esta forma nos vemos mucho”. Se le iluminan los ojos cuando pasa los dedos por las viejas fotografías y hace repaso de su familia. Y en todas las fotos está Berta asistiendo a las graduaciones universitarias de hijos y nietos, recogiendo títulos o aplaudiendo con su sonrisa plácida de Gioconda.

Berta tiene un marcapaso, pero afronta su nueva condición de emigrante nonagenaria años sin acelerar mucho el pulso. Convencida de algunas certezas. “Cada persona tiene su meta para ser feliz, no tengo ninguna queja con cómo me han ido las cosas, yo ya he hecho todo lo que quería en la vida”. Serenidad estado de ánimo que desprende tranquilidad y calma.Serenidad, título de honor de las princesas.

Berta pertenece a Amigos de los Mayores desde hace año y medio. Su hija descubrió a esta organización por Teleasistencia y como pasa mucho tiempo sola cuando ellas viajan le recomendó que nos llamase para ampliar su círculo social, paliar la soledad y conocer a gente joven. Lleva unos mesas junto a su segunda voluntaria Lucía.

Confiesa que está encantada. Juntas dan un paseo o símplemente se quedan en casa y charlan.»Ya leo muy poco y lo que más hago es ver la televisión. Lucía es una chica muy educada, es abogada y quiere terminar trabajo social, es un encanto de niña y nos hemos hecho amigas».

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